Poesía para Ingenieros: Las Nueve Vidas de Nikola Tesla
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Nació en una tormenta, el rayo partió el cielo de verano, en un pueblo del que el mundo aún no había oído hablar. La partera lo llamó un mal presagio, su madre lo llamó una señal. Tu primera vida comenzó en una tormenta, bajo el cielo abierto. Una noche de invierno acariciaste la espalda de un gato, y la oscuridad se abrió con chispas. Tu madre advirtió que la casa podría arder. Ya estabas persiguiendo lo que aprendiste: La luz volvería. Tu segunda vida llegó bajo el agua, en la corriente profunda. Sin luz, sin aire, el río te arrastraba, la superficie se cerraba sobre ti en silencio, y algo en ti se negaba a hundirse o a dormir. Tu tercera vida llegó en la presa. El agua subió. La pared te mantuvo en su lugar. Un destello, giraste tu cuerpo y volviste al aire, y dejaste el peso del agua sin dejar rastro. Tu cuarta vida llegó en piedra y oscuridad. Sepultado por una noche en una capilla de montaña, sin que nadie te visitara. Solo silencio y el recuerdo de una chispa. Lo llamaste una experiencia horrible y lo dejaste allí, sin contar. Tu quinta vida llegó con fiebre, nueve meses de cólera te mantuvieron abajo, hasta que tu padre dijo: Sobrevive y elige tu propio terreno. Te levantaste. No por la oración, sino por la promesa que él hizo. Tu sexta vida llegó en silencio, y se quedó. Cada sonido te atravesaba, un reloj a tres habitaciones de distancia, un timbre que no se iba, un ruido que aprendiste a soportar, hasta que viviste dentro de ese ruido y hiciste un hogar allí. Tu séptima vida ardió en la Quinta Avenida, no tu cuerpo, sino tu trabajo. No un ladrón de fuego, sino uno que se quedó con la llama. Un Prometeo moderno, el trabajo de tu vida se convirtió en cenizas, “Debo comenzar de nuevo”, dijiste, y te volviste hacia nuevos caminos. Tu octava vida llegó en la calle. Sin tormenta. Sin advertencia. Un taxi te golpeó sin señal. Un impacto repentino: costillas rompiéndose, aliento desaparecido. No hubo diagrama esta vez. Solo el cuerpo, lento para seguir el ritmo. La novena vida llegó con alas silenciosas. Esa paloma te encontró en la oscuridad, y tu espíritu se elevó. Ella no se movió. Un rayo de luz cayó desde arriba. La vida de la que no volverías, la que amabas. Tu madre pensaba que tenías nueve vidas, nueve encuentros cercanos con la muerte. Cada cercano, una lección. Una mano que te llevaría fuera de la oscuridad y hacia el dínamo de luz eterna. El mundo se beneficia del misterio de tu mente, Sobre tu imaginación nos sostenemos.
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